Capítulo 10



CAPÍTULO 10

LA ESCOLÁSTICA Y SANTO TOMÁS




LÍNEAS GENERALES


La creación y crecimiento de las ciudades en los siglos XI, XII y XIII en zonas densamente pobladas y el crecimiento de la artesanía aumentó la actividad comercial, que si bien nunca desapareció del todo, si estuvo muy disminuida durante toda la Edad Media, principalmente porque los feudos eran unos centros de producción casi autosuficientes.

La figura del comerciante fue, en un principio, totalmente marginal, ya que apenas representaba una pequeña proporción de la actividad comercial de trueque entre los distintos productores (te cambio un quintal de trigo por un cordero de los tuyos). El comercio como actividad profesional era complementario del anterior. Pero poco a poco fue ganando volumen con el crecimiento de las ciudades. Las ferias en Europa occidental se fueron haciendo más comunes, y los comerciantes, con el incremento de las actividades mercantiles, necesitaban créditos. Y había gente con dinero dispuestos a prestarlo.


LAS FUENTES BÍBLICAS CONTRA LA USURA Y EL COMERCIO

Asombrosamente, la Biblia contiene dos únicas citas sobre la usura, una a favor y otra en contra. La cita opuesta a la usura está en el Salmo 14 del Antiguo Testamento, y la que está a favor es la parábola de los talentos. Esta última podría considerarse también como una alabanza al trabajo. La Iglesia Católica adoptó la primera postura.

LA ESCOLÁSTICA EN GENERAL


La escolástica no tiene por objetivo entender como funciona la economía, sino dictar unas reglas morales que regulen el comportamiento de los cristianos como agentes económicos. Así pues, está basado en el principio de la autoridad y la obediencia. La Iglesia era vista como un cuerpo místico portador de la universalidad de la fe. La palabra católico viene del griego y significa "universal". La Iglesia era una realidad superior a los individuos cristianos aislados o a los cuerpos seculares civiles. De ahí a la idea de un estado superior al individuo o a la familia hay un solo paso. En tiempos de Tomás de Aquino nace la palabra estado. El origen de la idea del estado como un ente superior al individuo y a la familia se puede rastrear hacia atrás hasta Platón y Aristóteles pero es entonces cuando toma su actual dimensión.

El Concilio de Nicea (325) ya había prescrito la prohibición a los religiosos de realizar actividades comerciales. En la época de Carlomagno (742 - 714), en el Concilio de Nijmegen, se extendió esta prohibición a todos los súbditos del emperador. Calomagno también impuso una amplia tabla de precios regulados. También se prohibió cualquier especulación con alimentos. Probablemente Carlomagno no estuviese pensando en los más necesitados de su imperio al momento de establecer esta prohibición, sino en concentrar la oferta en manos de unos pocos al tiempo que él concedía los permisos para comerciar. Para maquillar los hechos, el precio determinado por ley eran denominados “precio justo”. Probablemente los precios determinados por el emperador serían, al momento de ser promulgados, similares a los fijados por la costumbre o el mercado, pero esto supuso una congelación de los precios.

Transcurren varios siglos hasta que empezamos a encontrar referencias escritas a los precios. Una de ellas es la de Graciano (Gratian en inglés) en el siglo XII, quién afirmó que comprar barato y vender caro es un fraude. Rufino de Asis afirmó que los artesanos pueden comprar barato y vender caro si los materiales comprados sufren una transformación, por ejemplo, comprar cuero y hacer zapatos con ellos. Esta actividad estaba incluso permitida a los monjes. Pero no transigió con el hecho de compar una mercancía y venderla más cara sin realizar en ella ninguna transformación (especulación). Huguccio de Pisa (muerto en 1210) afirmó que los mercaderes pueden obtener unos ingresos para mantener a su familia. William de Rennes (siglo XIII) sin embargo autorizó cualquier acción de un comerciante o especulador mientras sus intenciones no fueran pecaminosas. Otro canonista (estudioso de la ley canónica) como Alanus Anglicus (siglo XIII) aseguró que no hay usura o especulación si los precios en el futuro son inciertos. El papa Imocencio IV justificó el aumento de precios por el riesgo corrido por los comerciantes. Robert de Courçon también en el siglo XIII distinguió entre un arrendamiento y un préstamo, y consideró al primero como lícito y al segundo como ilícito.

El cardenal Hortensis escribió 13 excepciones a la usura. Las más importantes y que sirvieron para evadir el pecado de la usura fueron: un artículo podía ser vendido a un precio mayor si el pago se aplazaba por la incertidumbre del precio futuro; otra excepción era cuando el comprador no cumplía con la fecha de pago. Como dice el refrán castellano, hecha la ley, hecha la trampa: comprador y vendedor pactaban una fecha muy temprana para el pago aplazado y el interés por demora, y en secreto, pactaban que el comprador incumpliría la fecha de pago.

Otro truco o excepción a la regla de la usura, según Hortensis, fue la de entregar un regalo. Ya que el regalo es algo que se da sin pedirlo, no está incluido en la regla. Desde ese momento los prestamistas o banqueros entregaban regalos pactados de antemano a sus depositantes. Obviamente la costumbre de dar un regalo se convirtió en una obligación desde el momento en que el depositante esperaba, y si no lo obtenía, seguro que había de contarlo en todos los bares y tabernas de la localidad.

Pero lo más importante de Hortensis es que proporcionó un argumento que, sin trampas ni trucos, significaba la primera ruptura legal de la condena de la usura. Era el argumento del lucrum cessans, latinajo que significa lucro cesante. El argumento es más que obvio en nuestros días (el prestatario, al no disponer de su dinero cuando lo presta, está impedido de obtener beneficios o ganancias si dedicara el importe del préstamo a una actividad comercial), pero en aquellos días parecía una gran innovación, ya que en los siglos anteriores también estaba mal vista la actividad comercial y, por ende, los beneficios. Sin embargo, esta regla tenía dos excepciones: una, cuando el prestamista fuera profesional; la otra cuando el objeto del préstamo fuera la caridad. En estos dos casos no debía haber interés.

Thomas Chabham (siglo XIII) observó que los comerciantes transportaban artículos de un lugar donde abundaban a otro donde escaseaban, pero no extrajo ninguna conclusión de esta observación con respecto al tema de la usura.

El franciscano San Alberto Magno o el Grande, maestro de Tomás de Aquino, aseguró que los beneficios se purificaban de alguna manera si se compartían con los pobres a través de las obras de caridad. Otra justificación del beneficio comercial, que no de la usura, fue el de la remuneración del trabajo de los comerciantes.

Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo en estos avances. William de Auxerre comparó la usura con el homicidio, desfavorablemente para la primera, asegurando que en algunos casos dar muerte está justificado, pero la usura nunca. Uno de los argumentos que usó este escolástico fue el del tiempo: exigir que se devuelva algo más de lo prestado es vender el tiempo, algo que pertenece a todas las criaturas. El tiempo es gratis, y “vender tiempo” es vender algo que pertenece a todos. Curiosamente, al argumento de la Escuela Austriaca para justificar el cobro de intereses en prestamos carentes de riesgo es justamente, como veremos más adelante, la preferencia temporal por los bienes. Todos preferimos poseer un bien hoy a mañana, el mes siguiente o al año siguiente. El que cede un bien para que le sea devuelto más tarde debe cobrar por el sacrificio de abstenerse de consumirlo -disfrutarlo- en el presente. O sea, aunque en sentido contrario, William fue el primero en víncular el cobro de intereses con el transcurso del tiempo. Pero siguiendo con Auxerre, enfrentado al argumento de que como puede ser considerado un robo el pago de intereses cuando es aceptado voluntariamente por el deudor, William acepta que el pago de intereses es voluntario, pero que si al deudor se le diera elegir entre un préstamo sin intereses a uno con intereses, elegiría el primero, así que no hay tanta voluntariedad. Este argumento es sumamente estúpido por dos motivos:

  • si al acreedor se le da a elegir entre prestar su dinero sin o con intereses, obviamente elegirá la segunda opción, y lo normal es que se niegue a prestar sin cobrar nada; si el deudor prefiere no pagar intereses y el acreedor cobrarlos, si no se ponen de acuerdo, no hay préstamos, ni acreedor ni deudor y la discusión no tendría ningún sentido.
  • En una operación de compra-venta, el comprador también preferiría comprar gratis, y el vendedor cobrar por la venta.

En la práctica diaria, en el mundo comercial, se ocultaron los préstamos con intereses con diversas tretas. Una era simular una compraventa con pago aplazado y a un precio mayor al de mercado. Por ejemplo, el banquero A le vendía al  comerciante B un terreno, y en el contrato se especificaba  un precio superior al de mercado (por ejemplo, 120 monedas de oro en lugar de 100) y un año para pagar. El comerciante B vendía el terreno por 100 a C (o incluso a A o a un testaferro de A), y usaba las 100 monedas de oro para su negocio y al cabo de un año le pagaba a A los 120 adeudados.


TOMÁS DE AQUINO

Tomás de Aquino (1224 - 1274) y la escolástica en general no significan una ruptura sobre la patrística anterior, sino un razonamiento más elaborado que el de los padres de la Iglesia, pero sobre todo, la incorporación de Aristóteles a la filosofía europea.


Tomas de Aquino recibió influencias de:

  • Aristóteles
  • Platón
  • Agustín de Hipona
  • Avicena
  • y Averroes

Tomás de Aquino fue, por supuesto, un filósofo y un teólogo, y cuando toca temas económicos, lo hace de forma incidental y hasta accidental. No trata en absoluto de profundizar en ellos. Los toca marginalmente y de refilón.

El supuesto principal e inicial de Tomás de Aquino (para todo su análisis filosófico y teológico) es que el hombre puede alcanzar la verdad mediante el método deductivo, frente al método inductivo. Esto tendría influencia en la ciencia económica durante varios siglos, hasta bien entrado el siglo XX, donde aparecen las primeras estadísticas más o menos fiables, y la teoría económica empieza a buscar un contacto más íntimo con la realidad. Hasta entonces la ciencia económica se basaba en la especulación, en establecer unos presupuestos o hipótesis iniciales que se consideraban realistas, y a partir de ellas, mediante la razón, deducir unas tesis o conclusiones que no hacían falta demostrar que eran ciertas. Sobre este método especulativo se basaron diversas escuelas de pensamiento económico; la escuela clásica (1776 - 1870), la neoclásica (1870 - 1936) y la marginalista (1870 - hasta la actualidad).
Para Tomás de Aquino existen tres órdenes o clases de verdad:

  1. La ley divina, manifestada en la Revelación;
  2. La ley natural (ius naturalis) o Derecho Natural encarnada en la universalidad que Dios dió a las criatutas;
  3. y la ley positiva (ius civilis) o Derecho Positivo, proveniente de la elección y convención humanas.
La mayoría de las proposiciones económicas del de Aquino caen dentro del ámbito de la ley positiva, y solo algunas dentro de la ley natural.

Sin embargo, Schumpeter afirmó que santo Tomás de Aquino dividió el campo del conocimiento en dos, una que trabaja solo a la luz de la razón humana (Teología Natural), y otra que combina la anterior con la Revelación Divina, llamada Teología Supranatural o Doctrina Sacra (History of Economic Analysis, capítulo 2, punto 4).


EL PRECIO JUSTO

La teoría del precio justo, derivada de la de Aristóteles, consiste simplemente en una "evaluación común" del precio normal en ausencia de monopolio. El precio justo podía ser fijado en cualquier momento y lugar por una persona honesta. El salario, como cualquier otro precio, debe basarse en el mismo principio, el de la valoración común.

Por un lado, al fijarse el precio en cada momento y lugar, parece que se fija en el precio de mercado, ya que este es muy cambiante. Por otra parte, al fijar el precio como un "intercambio de equivalentes", parece decantarse por el coste de producción, más exactamente, en el coste del valor-trabajo. Un beneficio debe estar incluido en el coste de producción, pero debe ser ·justo y moderado", justo lo suficiente para que el mercader cuidara de su familia y dedicara una pequeña cantidad de dinero a la caridad. Otros opinan que Tomás se decantaba por la teoría del valor subjetivo (teoría de la utilidad).

La valoración más moderna de la teoría de los precios de Tomás no coincide con ninguna de las anteriores. Para el santo, la fijación de precios tiende a mantener el orden medieval y no a socavarlo. El precio justo debe cubrir todos los gastos en que incurre el productor, es decir, la compra de los productos necesarios, los salarios justos y un beneficio justo. Si la vida social medieval se basaba en la especialización y el intercambio de bienes y servicios, el precio debe ser suficiente para cubrir los gastos; si fuera menor o mayor, se disolvería la sociedad o volvería a un estado primitivo sin especialización e intercambio. La teoría del precio justo tiende a preservar los gremios medievales y los diferentes niveles de ingresos para cada estamento productivo, que deben evitar la competencia. Recordemos que los gremios eran una reunión de productores dentro de una rama productiva para fijar los precios a cobrar a los consumidores y los salarios a pagar a los aprendices y empleados.

Sin embargo a veces no eran los gremios los que fijaban el precio, sino las autoridades municipales. Bastaba con que el vendedor se adhiriera al precio fijado, bien por el municipio, bien por el gremio en cuestión, aunque en la práctica podía fijar un precio superior. Así pues, el precio establecido era en realidad un precio mínimo para evitar la competencia.

Algunos autores, como Henry W. Spiegel en su monumental obra "El desarrollo del pensamiento económico", relaciona la teoría del precio justo con la tradición romana de "laesio enormis". La tradición jurídica romana está basada en la libertad absoluta de contratación, pero cuando el comprador hubiese pagado un 50% más del valor del objeto del contrato, o un 50% menos, el derecho romano permitía deshacer el contrato o a restituir la diferencia a la parte perjudicada. Sin embargo, el propio autor parece contradecirse, al afirmar primero que "la solución que los teólogos escolásticos dieron al problema del justo precio siguió diferentes caminos"


LA PROPIEDAD PRIVADA

Dios creó la tierra para toda la humanidad y nadie puede reclamar un derecho que prive a otros de disfrutar de los bienes creados. La propiedad privada puede, sin embargo, ser justificada como un estímulo al trabajo, y no está en contradicción con la ley natural, incluso aunque no está establecida por ella. Puede ser vista como una especie de concesión de la comunidad a los individuos, y estos la usan como un servicio a la comunidad: no es un derecho de uso, disfrute y abuso, no establece el derecho absoluto de propiedad frente al Estado y a la comunidad, como si harán autores posteriores. Es una especie de derecho privado pero con un cierto grado de responsabilidad social. El propietario debe compartir sus propiedades, o al menos sus frutos, mediante actos de beneficencia. Pero la caridad no debe llegar al punto de comprometer las propiedades del propietario y de su familia.

Sin embargo, en los casos de extrema y urgente necesidad, donde las leyes humanas en general y el derecho de propiedad en particular quedan abolidos, y la apropiación deja de ser un hurto. En esto Tomás presenta una innovación con respecto a la tradición aristotélica y patrística.


EL COMERCIO


En realidad el comercio pecuniario nunca desapareció del todo de la faz de Europa occidental y central. Aún en los períodos más feudalizantes de la Edad Media y, a pesar de que la producción para el autoconsumo era el ideal del hombre medieval, y los feudos, en la manera en que les era posible, se proveían de herrería, carpintería, armería, molino, taller de hilado y costura y cuantos instrumentos necesitasen, aunque estuviesen la mayor parte del año sin ocupar, siempre hubo un resquicio para los mercaderes, principalmente hombres ambulantes, buhoneros errantes. Con el correr de los siglos este actividad se fue incrementando, y aunque la condena de la Biblia parecía rotunda, tajante y sin ambigüedades, había un deseo de reconocerlo en sus escritos. Condenar el comercio sería dar un paso atrás hacia el primitivo trueque de la era pre-platónica. Según Henry W. Spiegel en su monumental obra El desarrollo del pensamiento económico, se empezó a pensar que los escritos de los padres se dirigían a un mundo mayoritariamente pagano. No en vano cuando Tomás de Aquino vivió en el siglo XIII habían pasado más de mil años desde los primeros escritos de los padres de la Iglesia. Entonces el cristianismo era una religión minoritaria en todas las zonas en que se instaló. Pero en el siglo XIII ya se había cristianizado toda Europa.

En la época de Aquino se empezó a pensar en formas de comerciar que no impidieran al comerciante alcanzar la redención de los pecados en la otra vida. La primera línea de ataque fue las mismas Sagradas Escrituras. Se empezó a postergar la clara condena bíblica y a buscar en los mismos textos algún pasaje que pudiera justificar la obtención de beneficios. Pronto se encontró en las mismas citas que justificaban el pago de un salario digno al trabajador: si el comerciante trabajaba debía recibir una remuneración que gratificara su trabajo, al igual que el trabajador. El mismo principio se aplicó a los artesanos independientes, lo que hoy llamamos trabajadores autónomos. En el caso de las actividades mercantiles donde no había ninguna operación de transformación de una mercancía en otra, el beneficio se justificó por las operaciones de transporte, almacenamiento y cuidado de las mercancías. Así se trató de confundir las figuras del comerciante del mero transportista por cuenta ajena.

En aquellas épocas, el transporte de mercancías, tanto por mar como por tierra suponían un riesgo evidente. Además de los riesgos inherentes a la actividad comercial misma, como por ejemplo fuertes y repentinas bajadas de precios que obligasen a vender a pérdidas, estaba el riesgo de los bandidos en tierra y los piratas, corsarios y figuras análogas por mar. Parte del beneficio era una prisma de riesgo.

El beneficio, además de una remuneración por el transporte y el riesgo, se justificó como una fuente de ingresos para la misma supervivencia del mercader y su familia. También se justificó el beneficio por emplear parte de los mismos en obras de caridad. Una tercera vía de redención del mercader fue la intención del comerciante de acercar y poner a disposición del público mercancías y bienes que se producían en otras zonas. Se reconoce así la utilidad del comercio.

La consideración patrística y canónica del comercio como algo opuesto a las Sagradas Escrituras se vuelve ahora con Tomás de Aquino  neutral. El comercio en sí no es ni bueno ni malo. Es neutro. Son las distintas circunstancias de cada caso las que definen si es aceptable moralmente o no. La búsqueda del beneficio desmesurado y enorme siempre es pecado. Un beneficio moderado como recompensa del trabajo, del transporte, para obtener una fuente de ingresos para si mismo y su familia, y por último, para acercar mercancías a zonas donde no se producen es moralmente aceptable, y hasta bueno.


LA USURA

Platón y Aristóteles denostaron los préstamos con interés; los escritos religiosos judíos, la mayor parte de ellos tienen correspondencia con el Antiguo Testamento, prohíben también el cobro de intereses; los Padres de la Iglesia también se opusieron, principalmente porque el Nuevo Testamento ratificó esta postura del Antiguo. Los musulmanes siguieron la misma política. Santo Tomás y los escolásticos prosiguieron en la misma idea, más religiosa que económica. Pero en el siglo XIV la negación del interés empezaba a ser incómoda y negativa para el desarrollo del comercio. Muchos historiadores piensan que el cambio de posición con respecto al cobro de intereses está relacionado con el desarrollo comercial. Desde los tiempos bíblicos hasta el siglo XIV la economía estaba poco desarrollada y, por lo tanto, el crédito también. Quién pedía dinero prestado eran familias que atravesaban un mal momento económico y las solicitudes de préstamos tenía más que ver con el consumo que con la inversión. Los que solicitaban préstamos era gente pobre y no productores acomodados o ricos. Probablemente los productores generaban sus propios medios de producción reinvirtiendo los beneficios. En ese ambiente socioeconómico, la negación del cobro de intereses se enmarcaba dentro de una tradicional política social de protección al débil, al menos dentro del judaísmo, los primeros cristianos y los musulmanes. Sin embargo los motivos de Platón y Aristóteles son muy diferentes. Para entender el rechazo de estos dos filósofos griegos al cobro de intereses hay que enmarcarlo dentro de su rechazo a la nueva economía monetaria que sustituía a la del trueque. Si bien ambos entendían, en mayor o menor grado, que el dinero era útil en el comercio de bienes y servicios, rechazaron lo que podíamos denominar como el “comercio del dinero por el dinero”, los préstamos a interés. Pero cuando en el norte de Italia y en las orillas del mar Báltico se desarrolló con fuerza el comercio, la postura negativa de los eclesiásticos sobre los intereses era una pesada losa contra el comercio. El inmenso desarrollo del capitalismo no se puede entender sin el paralelo desarrollo del sector financiero. Mientras el cobro de intereses no fue posible, el aumento comercial tampoco lo fue.

Esta idea es compatible con la permisividad del cobro de intereses en el imperio romano. La ley romana permitía el cobro de un 12 por ciento de intereses en metálico y hasta un 50 por ciento en especie. Los romanos, que en muchas cosas de su vida fueron fieles seguidores de los griegos, en esto fueron no solo originales sino hasta los únicos. No tuvieron seguidores. Cuando los diversos pueblos bárbaros invadieron el Imperio Romano, poco a poco se fueron romanizando. Algunos habitantes del Imperio como los habitantes de la península ibérica, los de Tracia o los de la Galia llegaron hasta a adoptar el idioma romano, el latín. El derecho romano mayoritariamente sobrevivió y llegó hasta la legislación moderna a través de los pueblos germánicos que lo adoptaron como propio (en España a través del derecho visigótico), pero en este punto de la usura prevaleció la postura de los filósofos griegos (principalmente Aristóteles), de los judíos (a través de la Biblia entera, ya que Jesucristo fue judío) y de los mahometanos.

Hay quien ha tratado de explicar la negación cristiana del cobro de intereses como una postura puramente egoísta de la Iglesia como institución. La Iglesia sería mayoritariamente deudora. Quizás esto fuera válido para los primeros siglos de vida de la institución eclesial, pero por diversas fuentes,  se sabe que la Iglesia fue acumulando más y más bienes. Por supuesto, la Iglesia tenía un montón de arzobispados, obispados, conventos, abadías, etc., que tenían sus propias fuentes financieras, por lo que es difícil determinar si en conjunto la posición de la Iglesia era deudora o acreedora. Pero pese a esta multiplicidad de fuentes financieras, se supone que con el correr de los siglos, la posición pasó de ser deudora a acreedora. Para ello se aduce el hecho de que con el correr de los siglos el patrimonio de la Iglesia fue incrementándose. Hoy en día tener un patrimonio grande no significa tener unos ingresos altos. Pero en aquellos tiempos el principal patrimonio de la Iglesia estaba constituido en tierras cultivables, que se loteaban y se arrendaban a campesinos. Ciertamente entonces poseer muchas tierras significaba poseer muchos ingresos. Probablemente estos superaban a los gastos. Así que la prohibición de la usura con el correr de los siglos perjudicaba a los miembros de la Iglesia. Quizás esta sea una de las causas del cambio de postura de la Iglesia.

Una justificación filosófica de la prohibición del interés se basó en la distinción entre bienes fungibles y no fungibles. Si se arrendaba unas tierras, el arrendatario recibía algo a cambio: la posibilidad de obtener una cosecha. Por lo tanto era posible cobrar una parte del beneficio que el arrendatario recibiese. Pero en el caso de bienes fungibles, su uso destruye el bien. No se puede disfrutar de una pinta de cerveza sin destruirla. Por lo tanto, si presto una pinta de cerveza, no puedo exigir dos pintas al día siguiente, porque la pinta original ya no existe. Si yo cobro la pinta de cerveza y su uso (el interés, en este caso la pinta adicional), estoy vendiendo dos veces la misma cosa, lo que es contrario a la justicia. Obviamente no pensaron que el que toma una pinta de cerveza también obtiene un beneficio, la utilidad o satisfacción de beber la cerveza, al igual que el arrendador obtiene un beneficio (la cosecha) de la tierra de otro que cultiva. Por supuesto tampoco hay un análisis temporal de la satisfacción que el consumo de bienes produce. Evidentemente no es lo mismo beber una cerveza hoy que la semana próxima. Postergar el consumo propio en el tiempo debe ser recompensado por sobre quién no teniendo dinero hoy, decide beber hoy la pinta de cerveza y para ello pide que el tabernero le fíe.

Una forma muy buena de sortear la prohibición de la usura fue la de dos comerciantes que se asocian en una aventura comercial. Pero esto no alteraba en la práctica para nada la prohibición de la usura en los prestamos para consumo. Y ya hemos dicho que se piensa que la principal demanda en la época de Aquino fue este segundo tipo de préstamos.

Sin embargo, si bien no se podía normalmente cobrar intereses como norma general (título intrínseco), habían varias excepciones que Spiegel llama títulos extrínsecos, como el damnum emergens o daño causado, que Tomás de Aquino aceptó. Un segundo título explícito fue la mora o retraso en el pago. Si el deudor no paga a tiempo, deberá indemnizar al acreedor por el retraso. Esta fue una puerta abierta al cobro de intereses, ya que se podía incluir una cláusula que la contemplara. En la práctica podía fijarse un período de devolución corto y esta cláusula, lo que en la práctica equivalía a un préstamo normal con un corto período de quita. Un último título extrínseco fue el de tomar un bien como garantía del préstamo. Si el préstamo resultaba impagado, el acreedor se cobraba con la prenda. Si el bien prendado era de valor mayor que el dinero prestado, esta resultó una manera de vender un bien a crédito. Como vemos, ya estaba implantado el viejo dicho de "hecha la ley, hecha la trampa". Había otras maneras de evadir el pecado de la usura, como el consorcio y el censal, pero quién quiera averiguarlo tendrá que comprar el libro de Spiegel.

En el siglo XIV el sistema bancario estaba bastante desarrollado en el norte de Italia, sobre todo en Florencia.  Los banqueros florentinos aceptaban depósitos que remuneraban. La vieja prohibición de la usura empezaba a ser arrinconada. Las letras de cambio estaban ampliamente difundidas. Si un mercader florentino necesitaba viajar hasta Brujas a comprar paños de lana, depositaba en la casa de su banquero el capital necesario, y este libraba una letra contra su corresponsal en Brujas, que a su vez era banquero. Cuando el mercader florentino llegaba a la ciudad, acudía al establecimiento del corresponsal y cobraba la letra simplemente presentándola. Esto se hacía en un principio así para evitar los robos de dinero en los inseguros caminos de Europa. Las letras fueron evolucionando y ya no era necesaria librarlas contra un banquero o comerciante en otra ciudad. Aquí se podía simular una operación de crédito bajo la apariencia de una operación comercial. El comerciante se dirigía a su banquero y le pedía 100 monedas y como contraprestación, aceptaba pagar una letra por 120 al cabo de un año como si hubiesen hecho ambos una operación comercial. Esta manera de obrar sigue siendo usada en la actualidad. En España se le llama pelota.

Otro hecho que influyó sobre la aceptación del cobro de intereses fueron las necesidades financieras del Papado y de los Estados. Con la aparición de los estados-nación (ver el capítulo siguiente), los reyes empezaron una costosa política de guerras que arruinó a más de un estado. El caso más flagrante fue el de la España en los tiempo de Felipe II, que se embarcó en guerras en Flandes y en la península itálica, con posesiones heredadas de la antigua corona de Aragón, y en aventuras coloniales en el recién descubierto continente. También los Papas pidieron dinero a los banqueros. En la práctica el cobro de intereses empezaba a ser común.


SAN BERNARDINO DE SIENA

San Bernardino de Siena (1380 - 1444) fue un cura italiano franciscano y santo. El santo de Siena aseguró que el comercio, como cualquier otra actividad, podía ser ejercida licita y legalmente. Todas las profesiones, incluida la de obispo, pueden proporcionar ocasión para pecar. Con esto incluye la profesión de comerciante en el mismo conjunto que las demás, sin distinción alguna. Más aún, los comerciantes realizan actividades útiles para la sociedad: transportar, (especialmente desde las regiones donde abundan a las regiones donde escasean), almacenar y preservar las mercancías del deterioro hasta que el consumidor las pida y comprar la por mayor y vender al detall. Los artesanos transforman materiales sin transformar en productos acabados.


SAN ANTONINO DE FLORENCIA

San Antonino de Florencia (1389 - 1459), arzobispo de dicha ciudad, se ganó el aprecio de su gente, especialmente por su energía y resolución para combatir los efectos de la plaga y el terremoto en 1448 y 1453 respectivamente. Antonino vivió como arzobispo una vida de austeridad y tuvo una gran reputación en su tiempo por sus enseñanzas teológicas y se sentó como teólogo papal en el Concilio de Florencia (1459). Dus trabajos, algunos escritos en latín, otros en italiano, reflejan un profundo interés en los problemas sociales y el desarrollo económico. Argumentó que el Estado tiene el deber de intervenir en los asuntos mercantiles en beneficio del bien común, y la obligación de ayudar a los pobres y a los necesitados.

Capítulo 9



CAPÍTULO 9



EL RENACIMIENTO


EL PROCESO DE FEUDALIZACIÓN

Hasta el siglo III los ciudadanos romanos vivían más o menos tranquilos en sus ciudades. El ejército romano protegía tanto las fronteras (limes) como el orden interno. Estas fronteras estaban vigiladas por los ejércitos romanos desde instalaciones provisionales, guarniciones provistas de un foso y un murete de tierra apelmazada, de empalizadas de madera y pequeñas torres de observación. Los legionarios romanos vivían en tiendas de lona. Nada definitivo. Pero con el correr de los tiempos estas instalaciones pasaron de provisionales a definitivas. Las tiendas de lona fueron sustituídas por edificiones de sillería, aunque el objetivo siguiese siendo el militar. Los legionarios romanos que en ellos vivían, tras varias décadas de servicio militar, se convertían en civiles y propietarios de una pequeña porción de tierra, y se casaban con muchachas nativas. Se produjo así un proceso de mestizaje. Los poblados militares se convirtieron en pequeños burgos o ciudades. A partir de la segunda mitad del siglo III, se hizo más corriente que las incursiones bárbaras en el Imperio, germánicas, hunas e incluso célticas, llevaran al temor y a un reclamo de mayor seguridad. Pronto las ciudades de la frontera, como Estrasburgo, se amurallaron. La frontera exterior de los campamentos militares se convirtió en una frontera interior, no solo porque la construcción de murrallas llevara las fronteras a los lindes de las ciudades, sino porque este proceso supuso un fuerte cambio de mentalidad. Las ciudades amuralladas significaban no solo una mayor protección frente a las incursiones bárbaras, sino también frente al poder del emperador. Se fue así debilitando el poder central y disgregando el poder en numerosos centros geográficos. Y la fortificación de las ciudades del limes se pasó a la fortificación de las ciudades alejadas de las fronteras, como Verona. La misma Roma se fortificó. Mientras el poder central fue fuerte, este pudo impedir este proceso de amullaramiento, la creación de ciudades-estado como las griegas. Formalmente nada había cambiado en el imperio. En la realidad todo cambiaba. La gente empezó a considerarse más como napolitanos, veroneses o marselleses en vez de como ciudadanos romanos. Cuando las legiones romanas se bastaban para mantener el orden dentro del imperio, las fronteras estaban lejos y las ciudades no necesitaban otras defensas. Todos hablaban el mismo idioma y eran ciudadanos con los mismos derechos. Cuando el poder central se debilitó, empezaron los particularismos y los dialectos.

La población del Imperio, al menos en la península itálica, era mayoritariamente ciudadana, es decir, se concentraba en las ciudades. El campo estaba, sobre todo en el oeste, casi deshabitado, mientras que en Oriente, mucho más rico y poblado, no había problemas de escasez de población. Según varios autores, al detenerse la expansión del imperio romano, se detuvo la apropiación de esclavos a causa de la no-guerra. Los latifundistas abandonan las ciudades para ir a vivir a sus haciendas y buscan compensar la falta de esclavos tratando de atraer a los habitantes de las ciudades. Para ello les ofrecen trabajar la tierra como colonos o aparceros a cambio de entregar una arte de la producción al dueño de la tierra. Los latifundistas tratan de obligar a los aparceros a no abandonar la tierra, a fijarlos a la misma. Esto se consiguió mediante las reformas legislativas imperiales, que fijaron a los colonos a la tierra de por vida, y además, de con el transcurso del tiempo, de forma hereditaria. Por otra parte, la ciudad de Roma fue invadida por los godos de Alarico I en el 410, por los vándalos en el 455 (los cuales, pese a su nombre, no hicieron destrozos mayores que los invasores anteriores y posteriores), por las tropas imperiales de Ricimero en el 472 y por los ostrogodos en el 546. Los hunos de Atila no invadieron la ciudad, pero exigieron un rescate al Papa León I el Magno. Todos estos hechos influyeron, pero los historiadores no les dan tanta importancia como se la daba en el pasado. Sin embargo, decenas de ciudades romanas que antiguamente fueron prósperas en el Imperio de Occidente fueron arruinadas y sus poblaciones dispersadas, y a causa del colapso del sistema, nunca fueron reconstruidas. Las ciudades que sobrevivieron se amurallaron, pese a que no habían necesitado muros defensivos durante siglos. La propia ciudad de Roma se amuralló.

Los gremios medievales nacen por la misma causa, la escasez de mano de obra. Se trata ante todo de que los maestros gremiales obtuvieran un beneficio suficiente mediante la obligación legal de fijar los precios en cada ciudad que disponían los gremios. (Sigue en la Crisis del siglo III). Bagaudas.


EL FEUDALISMO


9.1 El feudalismo es un sistema político, social y económico cuya unidad básica de producción era el feudo. Lo primero que hay que señalar para entender este sistema es que el lector debe entender la diferencia entre el vasallaje y la servidumbre. El siervo estaba vinculado al señor feudal a través de la tierra (servidumbre). En la práctica poco se diferenciaba la situación del siervo de la del esclavo, pero jurídicamente había una gran diferencia: el esclavo podía ser vendido, el siervo no; el esclavo estaba vinculado a su amo, el siervo estaba vinculado a la tierra de su señor feudal, el feudo. Cuando el feudo cambiaba de dueño por el motivo que fuese, el siervo cambiaba de señor. pero permanecía en la tierra. Y no podía producirse ningún otro cambio. Se supone que la situación normal del siervo era que naciera y muriese en el mismo feudo y que no viajaban excepto para acudir a los mercados de las poblaciones vecinas. En cambio la relación de vasallaje era muy diferente: era una relación personal entre dos personas, un contrato entre iguales, el vasallo y el señor feudal. Tras formalizar la relación en un acto formal llamado homenaje, que se celebraba en la torre del mismo nombre, ambos estaban comprometidos en mantener la siguiente relación: el vasallo,  generalmente un noble bajo, estaba obligado a prestar asistencia militar a su señor, generalmente un noble de nivel superior, en caso de conflicto armado, de los tantos que habían. El noble de nivel superior le entregaba los medios de subsistencia en usufructo, generalmente un feudo (latifundio) con sus siervos incorporados. El vasallo administra esas tierras y se beneficia de sus rentas, de las cuales entrega una parte a su señor, pero que no son propiedad del señor feudal. El campesino (siervo) también tiene sus derechos sobre la tierra: trabajarla y vivir de ella (o malvivir, diríamos mejor). Además, su señor, el noble superior al que juró fidelidad, también tiene sus derechos sobre el feudo. En caso de incumplimiento del deber de fidelidad del vasallo, el feudo volvía al señor feudal. En todo caso, el siervo no tiene obligación de defender las tierras de sus señores, es más, se le impide el acceso a cualquier arma, y especialmente al caballo (deben arar con una yunta de bueyes que mantiene comunalmente toda la aldea). La obligación del amo es defender a sus siervos, y de acoger en su castillo a los siervos en caso de invasión del feudo. Además hay otra gran diferencia entre el vasallo y su señor y el siervo y el suyo: los vasallos pertenecen al mismo estamento social que su señor, pero el siervo es de un estamento inferior. Así, la sociedad feudal estaba dividida en tres estamentos: la nobleza, el clero y el tercer estado. Los primeros defendían a los otros dos estamentos y tenían el monopolio de la fuerza, los segundos rezaban y el estado llano producía para alimentarse a sí mismo y también creaba un excedente para alimentar a las otras dos clases sociales. Los hijos del estamento superior se casaban entre ellos, tanto para impedir que el estamento llano entrara en el suyo como para impedir la excesiva subdivisión de sus dominios territoriales. Cuando la sociedad evolucionó a una sociedad más mercantil y donde el dinero empezó a tener cada vez un papel más relevante, era normal que los hijos de los burgueses se casasen con los de la nobleza. Pero volviendo a nuestro tema, en la sociedad feudal la nobleza tenía vedada los oficios mecánicos, incluido el comercio, actividad sospechosa por su presunta vinculación al pecado de usura, y los préstamos eran generalmente reservados a los judíos, a quienes el pecado cristiano de usura les traía sin cuidado.

9.2 La misma jerarquización que sufría el estamento de la nobleza sufría el del clero. El hijo mayor varón de un noble heredaba la posición social de su padre (el título nobiliario y el feudo), y el segundo entraba en el clero en una posición social análoga a la de su familia. Esta posición se medía por las donaciones de la familia a la Iglesia. Si el hermano mayor moría, el segundo estaba obligado a colgar los hábitos y sustituirle. Las hijas mayores se casaban con hijos de su mismo nivel estamentario y las menores entraban a formar parte de conventos, en los dos casos debidamente dotadas con dinero. De este modo se evitaba la división de los dominios territoriales. Esta no división de los dominios se garantizaba con el voto de celibato de los miembros de la Iglesia, para impedir que procrearan y sus hijos compitiesen con los de sus hermanos.

9.3 En el estamento eclesiástico regían los mismos principios que en el de la nobleza. El alto clero (obispos, abades y canónigos) eran hijos segundones de la alta nobleza, y así bajando hasta el clero común y llano, los párrocos, hijos de los caballeros sin tierras. Por otra parte, la Iglesia era la única institución "universal" que comprendía todos los países de Europa occidental.

9.4 El feudalismo no implicaba unas relaciones de propiedad sobre la tierra en el sentido en que hoy las conocemos. En realidad todas las tierras del reino eran, en última instancia, propiedad del rey. Él cedía el uso y disfrute de las tierras a unos pocos señores feudales, los que a su vez, hacían lo mismo, con otros señores feudales de inferior rango. Este uso de la tierra se cedía a cambio de una serie de obligaciones: asistencia militar, contraprestaciones económicas, etc. El señor feudal recibía de su noble superior el feudo para ser administrado y obtener las rentas de él. Él se obligaba a entregar una parte de las renta a su señor, pero también a ser le fiel, darle consejo y asistirle militarmente en caso de que fuera requerido. En caso de que el vasallo no cumpliese con sus obligaciones, el feudo le sería retirado, aunque supongo que lo más normal es que perdiese la vida antes. La propiedad, tal como la entendemos, existió en la Antigüedad clásica, y en la época postfeudal, pero también en la época feudal, pero en las ciudades, donde los habitantes de las mismas tenían sus pequeñas propiedades, incluso pequeñas huertas en las inmediaciones de las ciudades cuando ello era posible. Pero las relaciones en el feudo no eran unas relaciones exactamente de propiedad sino más bien de dominio.

Aunque por lo dicho hasta aquí parece que la autoridad máxima era el rey, esto no era así. Más bien al contrario. Mientras el señor feudal cumpliera sus obligaciones con sus superiores, bien fuera este el rey u otro noble superior, nadie se metía en como administraba su deudo. Podría decirse que el señor feudal era el rey en su propio feudo, ya que administraba justicia y no había leyes que restringieran su poder más allá del uso y la tradición. Eran unas sociedades donde dominaban las fuerzas centrífugas sobre las centrípetas. Sólo con la aparición progresiva del moderno estado-nación se cambió la tendencia.

9.5 La unidad económica básica de producción era el feudo. En el centro y norte de Europa, donde los romanos tuvieron muy poca influencia, prácticamente desparecieron las ciudades, no habiendo otra unidad de producción. En el sur de Europa subsistieron las ciudades, aunque muy disminuidas en tamaño y población, donde sobrevivía un mundo alternativo sin señores feudales pero que, en ningún caso, representaba una amenaza para el sistema feudal. Cada feudo estaba centrado alrededor del castillo del señor, verdadero símbolo de poder y estaba dividido en la reserva señorial y los mansos. Cada campesino siervo cultivaba su manso, del cual vivía y que cultivaba según su criterio, por lo tanto no era ni esclavo ni trabajador proletario. Pero tampoco era libre, ya que su vida estaba ligada al manso que cultivaba. Los días que fijaba la costumbre debía trabajar gratis en la reserva señorial. El señor feudal obtenía mediante ese trabajo extra el excedente económico que era el sustento de todas las clases sociales superiores, mediante los mecanismos que ya hemos visto. Además la Iglesia Católica obtenía su diezmo, junto a su excedente que obtenía de sus propios latifundios. En este caso las abadías, conventos y monasterios cumplían una labor similar a la de los castillos, y la jerarquía católica el mismo papel que el de la nobleza feudal. El siervo tenía pues dos obligaciones para con el señor feudal: una, pagar el diezmo en especie (una parte de la cosecha) y la otra trabajar la reserva señorial. Con el paso de los siglos y con la monetización de la economía, el diezmo se pasó a pagar en metálico, lo que permitió que los señores feudales emigraran a vivir a las ciudades. Los de inferior rango a las capitales de las provincias, regiones o comarcas. Los nobles de rango superior pasaron a vivir en la capital de reino, cerca del poder real.

9.6 En el sistema feudal, el rey era la cúpula de todo el sistema. Las obligaciones ascendían y descendían por toda la pirámide social hasta la cumbre. El rey tenía su propio feudo, del que obtenía sus propios ingresos. Y también obtenía su parte de las rentas obtenidas por la alta nobleza.

9.7 La más baja nobleza no tenía más que un caballo, sus armas y si acaso, un escudero que le sirviese. Trabajaban como soldados para un señor feudal, con él que estaban ligados por una relación de vasallaje. No eran mercenarios. Vivían en el castillo del señor feudal y se alimentaban con él. En el castillo (en su caso abadía o convento) vivían los criados, hijos de lo siervos que estos no podían alimentar. El estribo, que trajeron los hunos probablemente procedente de China, cambió las técnicas de guerra, pasando el peso de las guerras de la infantería a la caballería. Un caballero era costoso de mantener. Todo el equipamiento de un solo caballero armado, equino incluido, equivalía al valor de veinte bueyes o a las herramientas agrícolas de diez campesinos. Los campesinos tenían prohibido poseer caballos, así que araban con bueyes. Las guerras se financiaban con las aportaciones personales de los caballeros de los distintos señores feudales.

9.8 En resumen, el sistema feudal era un sistema de cuasi-castas donde cada uno tenía su lugar asignado y donde el rango era un elemento considerable del estatus. La posición de cada cual en la jerarquía social determinaba las obligaciones y privilegios de cada uno. La economía medieval era una economía "natural" en la que el sector agropecuario, la producción para el autoabastecimiento  primó sobre el intercambio, el comercio y la economía comercial y monetaria. Los seres humanos vivían en pequeñas unidades económicas, tanto de producción como de consumo y el dinero no era importante. Hasta la aparición de las minas de oro y plata de América las transacciones monetarias eran limitadas. El trueque era mucho más importante. Así pues, aquella era una sociedad en la que los hombres se esperaba que se mantuviesen a si mismos rindiendo servicios a la comunidad, y la posibilidad de obtener ganancias monetarias eran tan posibles como las de descubrir un tesoro enterrado. La Iglesia debía regular todas las relaciones humanas, y como esta vida era una preparación para la otra, y la única realidad absoluta es la salvación eterna, las riquezas humanas no eran importantes.



EL PENSAMIENTO FEUDAL


9.9 El pensamiento económico medieval está basado en tres pilares:

  • Aristóteles;
  • La Biblia, y su fuente primigenia, el judaísmo,
  • y los padres fundadores
En todo este grupo de fuentes, Aristóteles no es el más fundamental, sino que cuando se opone a las otras dos fuentes, es suprimida. Así, la idea básica derivada del judaismo de que todos los hombres somos hijos de un mismo Padre, y por tanto, somos hermanos. Este principio debería considerarse contrario a las distinciones de clase y a las distinciones nacionales, pero entonces solo se consideró contrario a la esclavitud.  Incluso un esclavo puede entrar en el Reino de los Cielos. Otro principio derivado del judaismo es que cada individuo tiene un alma inmortal, así que en cada uno de ellos la luz de la eternidad brilla con igual fuerza. De ahí el énfasis en la caridad, vista desde un doble punto de vista: como una consideración hacia nuestros iguales como un instrumento de salvación de nuestra propia alma.

Además de la esclavitud, otro punto de vista contrario a la filosofía griega es la consideración del trabajo. Tanto para Aristóteles como para Platón el trabajo manual es algo sucio y desagradable solo apto para los de las clases inferiores. Para los griegos, el trabajo es la marca de los extranjeros y los esclavos y, por tanto, es denigrante. Por el contrario, en la Biblia, se habla de "trabajar con tus propias manos" y San Pablo habla de que trabajó "noche y día" y establece la regla de que el hombre que no trabaja no debería comer. Los apóstoles eran, en general, trabajadores. El trabajo se considera parte de la salvación. El trabajo fue prescrito por Dios y Jesús habla de si mismo como un trabajador. Es más, si analizamos el Génesis, Dios trabajó seis días para crear al mundo y el séptimo descansó. El trabajo no solo fue digno y hasta noble, sino además inevitable.

 Este mundo es una preparación para el otro, y lo único importante en este es trabajar para obtener la salvación en el otro. Cualquier otra consideración mundana es banal. Aunque esta consideración debería conducir a una sociedad extremadamente igualitaria, al contrario, la desiguldad se justifica por que es un designio divino.


LA PATRÍSTICA

El pensamiento de los Padres de la Iglesia se extiende desde el siglo I hasta el XI ambos inclusive. Este período de casi 1.200 años es el más largo de la historia y fue sustiruído por la Escolástica (en inglés, Scholastic, de la palabra school, que significa colegio o escuela).

El cristianismo original fue una secta perseguida que se expandía por el boca a oreja entre los estratos más bajos de la sociedad. En este principio la religión cristiana era indiferente a la política, actitud resumida en la famosa frase neotestamentaria de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Todo cambió cuando Constantino la nombra religión del Imperio (Edicto de Milán, año 313). A Partir de ahí, los Padres aceptan las instituciones políticas y sociales del Imperio como hechos inamovibles y centran su atención en la vida tras la muerte. Examinaremos las ideas de los Padres respecto a temas como la propiedad privada, la esclavitud, la limosna y el comercio.


LA PROPIEDAD PRIVADA

San Juan Crisostomo (347 - 407) mantuvo que Dios asignó los bienes terrenales como propiedad común a todos los hombres. Es importante conocer la vida de Juan Crisostomo, quién se pronunció en contra de los abusos de los poderosos y de la propiedad personal. En sus charlas realizaba una interpretación directa de la Bíblia, rechazando la interpretación alegórica de la misma que hacía la jerarquía eclesiástica. Mostró una gran preocupación por las necesidades materiales de los pobres, además de las espirituales. Cuando fue nombrado obispo de Antioquía. Juan se negó a dar recepciones suntuosas y criticó el alto nivel de vida que llevaba el clero. Se opuso a los poderosos y al clero corrupto y fue amado por el pueblo, lo que incrementó sus popularidad entre el pueblo llano. Se ganó numerosos y poderosos enemigos, como Teófilo, patriarca de AlejandríaAmbrosio (c. 340 - 397) vio el origen de la propiedad privada como una usurpación, y la emperatriz Elia Eudoxia, esposa de Arcadio.En el Sínodo de La Encina fue depuesto de su cargo, pero volvió a ser admitido por las presiones populares a su favor. Pero Elia Eudoxia hizo erigir una estatua suya hecha de plata cerca de la catedral, y Juan condenó la ceremonia de inaguración comparando a la emperatriz con Salomé, quién pidió a su padre Herodías la cabeza de Juan el bautista en una bandeja. Fue desterrado y murió durante el viaje de destierro. Pese a su opción por los pobres, fue canonizado.

"¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No le ignores cuando está desnudo. No le hagas ningún homenaje en el templo vestido de seda solo para negarle afuera cuando pasa frío y está mal vestido. Él , que dijo: "Este es mi cuerpo", es el mismo que dijo: "Me viste hambriento y no me diste de comer" y, "Cualquier cosa que hicieres al menor de mis hermanos, también me lo hicistes a mí...". ¿Está bien que la mesa de la Eucaristía esté repleta de cálices de oro cuando tu hermano está muriendo de hambre? Empieza por satisfacer su hambre y después, con lo que sobre, podrás llenar el altar."

San Ambrosio, obispo de Milán, fue generoso con los pobres y por eso, fue muy popular. Vio la propiedad privada como un acto de usurpación.San Jerónimo de Estridón, quién consideró que un hombre rico es, o bien un hombre injusto, o un heredero de un hombre ijusto. San Agustín de Hipona consideró la propiedad privada como fuente de guerras e injusticia social. Vendió todo su patrimonio y lo dio a los pobres. Varios siglos después San Francisco de Asís, fundador de los Franciscanos y de las Hermanas Clarisas, consideró que desprenderse de las riquezases un consejo de perfección, pero que no es un precepto aplicable a todo el mundo. La opinión de los distintos escritores de la Iglesia con respecto a la propiedad privada y la riqueza vaciló de un extremo al otro:

- de un lado, Lactancio, un duro crítico del colectivismo; y Theodoretus of Cyr, quién defendió las desigualdades sociales;

- y en el otro extremo, el maniqueismo, el donatismo, el pelagianismo y otras herejías varias, quienes consideraban la salvación de los ricos más difícil que la de los pobres, y en especial, de los clérigos, y propugnaban el ascetismo.

Poco a poco dominaron en la Iglesia Católica de respetar la propiedad privada con distintos argumentos, que veremos en el capítulo siguiente.La defensa de abandonar las riquezas materiales nunca fue mayoritaria en la Iglesia, aunque en los primeros siglos si hubo una cierta corriente minoritaria que abogaba por ello. Pero al final ganó la actitud de que el abandono de los bienes materiales no debía ser la norma general, sino la de unos pocos, no se si decir privilegiados. Así nacieron las ordenes religiosas dedicadas a la pobreza, como la Regla de san Agustín de Hipona, quién vendió todos sus bienes y los repartió entre los pobres. Así nacieron  las ordenes mendicantes: los agustinos, los dominicos, los carmelitas y los franciscanos, divididos entres subordenes. Siempre hubo polémica en el seno de la Iglesia acerca de cuan importante es el tema de la pobreza, y si debe primar sobre el trabajo ("ora et labora") y los rezos.


LAS LIMOSNAS Y LA CARIDAD

La caridad tenía una importancia destacada en el pensamiento de la patrística. La idea era que ningún cristiano debía ser más rico que cualquier otro hombre, y si lo era, debía donar el exceso a los pobres y quedarse tan solo en la subsistencia más estricta. Pero en la práctica, los ricos daban limosna con el solo objeto de aliviar la pobreza más extrema, una carga no muy pesada que los ricos podían facilmente soportar y que no cambió la existente estratificación social.


LA ESCLAVITUD

A diferencia de la escolástica, que veremos en el siguiente capítulo, la patrística respetó y reconoció la esclavitud como un hecho dado. San Agustín y san Lactancio, entre otros pocos que discutieron el tema, consideraron que todos los hombres están llamados delante de Dios y, por lo tanto, deben ser considerados iguales, independientemente de su posición en el esquema social. Sin embargo, no se consideró la esclavitud como una institución natural, lo que fue un cambio con respecto a Platón y Aristóteles. La esclavitud abandonó por primera vez en la historia del pensamiento humano el lugar de una ley natural o divina y pasó a ser considerada como una institución del derecho positivo.


LA ACTIVIDAD COMERCIAL Y EL TRABAJO

La actitud de los padres de la Iglesia hacia el trabajo está basada en su reconocimiento como una obligación social y como la oportunidad de mantener a la humanidad alejada del pecado (evita la ocasión y evitarás el pecado). Es un cambio claro con respecto a los griegos clásicos que consideraban el trabajo como una actividad propia de esclavos y extranjeros.

La riqueza y el lujo,como hemos visto antes, fueron condenados sin más. La actividad comercial fue considerada como una fuente de riesgo moral.

LA USURA

La actitud de los padres de la Iglesia con respecto a los padres de los préstamos a interés es negativa. Pero la argumentación, a diferencia de los escolásticos, que está basada en Aristóteles, la suya está más bien basada en la Biblia, tanto en diversos pasajes del Antiguo Testamento, domo del Nuevo. En particular en las palabras de Jesús: "... y presten sin esperar nada a cambio." (Lucas 6:35). Posteriormente los Papas y los Concilios reforzaron esa postura normativa. El Concilio de Nicea prohibió el cobro de intereses a los clérigos. Posteriormente el poder civil, el emperador Carlomagno, publicó la primera norma civil al respecto, prohibiendo la usura tanto a los clérigos como a los seglares. Posteriormente el segundo concilio de Letrán prohibió la usura tanto a los seglares como a los clérigos. Es evidente al lector que entonces la Iglesia tenía tanto un poder sobre los ciudadanos religiosos como sobre los no religiosos. He de advertir que en aquellos tiempos la palabra usura se aplicaba en el sentido de cobro de cualquier tipo de interés, sea pequeño o grande. El concepto de "intereses usurarios" como excesivos vendría después, cuando se permitió el cobro de intereses.

Capítulo 8



CAPÍTULO 8



EL PENSAMIENTO ECONÓMICO MUSULMÁN


EL ANÁLISIS OCCIDENTAL TRADICIONAL

La opinión tradicional de los historiadores sobre la Edad Media occidental es que fue un paréntesis en blanco entre la Antigüedad Clásica greco-romana y el Renacimiento. Precisamente la palabra Renacimiento viene, obvio, de renacer, volver a nacer. Bastante razón tienen los historiadores con respecto al mundo europeo occidental, ya que la Edad Media fue un espacio en blanco en cuanto a a las artes y las ciencias. Solo hay que destacar la pintura medieval, ya que aunque bastante primitiva, representa un cierto avance con respecto a los griegos y romanos, poco amantes de pintar en telas, únicamente en las cerámicas.

Pero lo cierto es que en Europa los avances técnicos, científicos, sociales y económicos fueron escasos, y cuando los hubo, apenas transformaron las relaciones económicas y sociales. El mundo económico europeo medieval fue, más bien, un mundo estático que perduró durante varios siglos. No vamos a hablar de cronología aquí, pero la sociedad feudal se estableció poco a poco y se disolviendo poco a poco. Desde finales del siglo XII, donde el feudalismo comenzó a disolverse en las repúblicas italianas del norte de la península hasta 1861, año en que fue abolida la servidumbre en Rusia, pasaron casi siete siglos.

En su monumental History of Economic Analysis (publicado postumamente en 1954), Joseph Alois Schumpeter  propone un paréntesis histórico de alrededor de 5 siglos en la historia de las ideas económicas hasta la aparición de Santo Tomás de Aquino (1225 - 74) y los escolásticos. Schumpeter hace mucho hincapié en la idea de que Aquino significó una revolución en el pensamiento filosófico y teológico. Para ello se basa en dos causas: el redescubrimiento de los escritos de Aristóteles; y los sobresalientes logros del santo. Esta tesis fue aceptada sin ser analizada incluso por el denominado por Blaug 'el mayor historiador de la historia del pensamiento económico', Jacob Viner. La tesis se aceptó sin ponerla en tela de juicio hasta recientemente. Además la tesis schumpeteriana es problemática porque supone que no hay ninguna discontinuidad después de un gap de 5 siglos. Más aún, la revolución tomasiana (Schumpeter dixit) fue una reacción a la influencia griega (vía musulmanes) en la Europa occidental.

Esta opinión eurocentrista, dominante durante muchos años y solo recientemente puesta en duda, ocultó los logros de otras civilizaciones que, curiosamente, eran más civilizadas que las bárbaras sociedades europeas. Principalmente los árabes, tras la rápida adopción de la religión musulmana, no solo se dedicaron a mantener y traducir muchos de los escritos de muchos filósofos griegos de la Antigüedad, sino que, además y basándose en ellos, desarrollaron sus propias elaboraciones filosóficas. Además la civilización arábigo-musulmana desarrolló unos avances científicos y técnicos sin parangón en la cristiandad de la época.

Además, los escritores musulmanes influenciaron en el escolasticismo tomasiano y produjeron teorías e instituciones más cercanas a los tiempos actuales que a la Antigüedad greco-latina. Entre las primeras está la teoría de la división del trabajo. Entre las segundas están las primeras formas de asociación comercial (a veces incluso entre comerciantes musulmanes, judíos y cristianos, cosa que sorprende hoy), las letras de cambio y las primeras formas de crédito, débito, cheques, trusts, el sistema de contabilidad de doble entrada (siglo XII) y los principales rudimento del sistema bancario (cuentas de ahorro, cambio de divisas, préstamos, banqueros, depósitos, notas de pago y otras), el aval y el fideicomiso.

La tesis del gap en blanco schumpeteriano ya fue discutida en un artículo de 1964 de Joseph Spengler denominado Economic Thought of Islam: Ibn Khaldun. Este autor estadounidense insiste mucho en el pensamiento musulmán como continuador (y continuista) del pensamiento griego. Por ese afán, Spengler solo considera los escritos árabes desde el siglo IX en adelante. Sin embargo, hoy en día se considera al pensamiento musulmán como una confluencia de tres corrientes principales de pensamiento: la griega, la árabe y la perso-iraní. Hoy no se enfatiza en ninguna de las tres corrientes individuales, sino en el conjunto de las tres. A pesar de que Spengler era consciente de que el pensamiento económico de Ibn Khaldun era superior al de los originales pensadores griegos, falla al comprender que el pensamiento de Khaldun reflejaba las realidades de la sociedad medieval islámica y el conocimiento de muchos sabios musulmanes de los siglos del gap schumpeteriano. En realidad, Ibn Jaldún (1332 - 1406) vivió posteriormente a Sto. Tomás de Aquino (1225 - 1274), o sea que no cae dentro del paréntesis de 500 años de Schumpeter. Si tomamos a Ibn Jaldún como una individualidad brillante y heredero de la antigüedad greco-latina, la existencia de este gran pensador árabe no invalidaría la tesis schumpeteriana.

En realidad, pese a algunas aportaciones de escritores occidentales como el economista belga Louis Baeck y el estadounidense Todd Lowry,el auténtico desafío a la tesis schumpeteriana vino de economistas con raíces en países islámicos. Estos últimos no solo demostraron que los musulmanes desarrollaron un pensamiento económico propio, sino que además influyeron en el de Aquino.


LA HISTORIA ECONÓMICA MUSULMANA


EL ADVENIMIENTO DEL ISLÁM

8.1 Muchos cambios sociales tuvieron lugar en el Islám entre el 610 y 661, incluyendo el período de la misión de Mahoma y el papel de sus cuatro inmediatos sucesores, quienes establecieron el califato de Rashidun, también llamado califato ortodoxo. Este califato comprende a los 4 inmediatos seguidores de Mahoma.

Los historiadores, en general, se muestran de acuerdo en que las reformas sociales islámicas en áreas como la seguridad social, la estructura de la familia, la esclavitud y los derechos de las mujeres y de las minorías étnicas mejoraron la situación que existía previamente en la sociedad árabe anterior. Por ejemplo, según Bernard Lewis, desde la primera denuncia de privilegios aristocráticos realizada, el Islám rechazó la jerarquía y adoptó la formula de carreras profesionales abiertas al talento.

Bernard Lewis cree que el advenimiento del Islam fue una revolución que tuvo éxito parcialmente debido a las tensiones entre la nueva religión y las viejas sociedades que los musulmanes conquistaron. Piensa que esta tensión fue una consecuencia de lo que él ve como la naturaleza igualitaria de la doctrina islámica. El Islam denunció al principio los privilegios aristocráticos, rechazó la jerarquía y adoptó la fórmula de la carrera abierta a los talentos. Sin embargo, Lewis nota que la igualdad en el Islam estuvo restringida a los adultos varones musulmanes y libres, pero que incluso esto representa una avance considerable en la práctica, tanto del mundo grecoromano como del antiguo Imperio Persa o Aqueménida 559 - 330 AC).


LA CONSTITUCIÓN DE MEDINA


La Constitución o Carta de Medina fue redactada por Mahoma en el 622. Constituyó un acuerdo formal entre Mahoma y todas las tribus y familias importantes de Yathrib (más tarde conocida por Medina), incluidos los musulmanes, judíos y paganos. El documento fue elaborado con la preocupación de terminar los enfrentamientos tribales entre los clanes de Banu Aus y Kazraj Banu dentro de Medina. A tal efecto estableció una serie de derechos y responsabilidades de los musulmanes, judíos, cristianos y paganos en las comunidades de Medina que protegiera a todos en el marco de una comunidad islámica.

La Constitución estableció el primer estado islámico, y dentro de ella, la seguridad de la comunidad, la libertad religiosa, el papel de Medina como un santuario sagrado, estableciendo todo tipo de restricciones a la violencia y a las armas, la seguridad de las mujeres, relaciones tribales en el interior de Medina, un sistema impositivo para el mantenimiento de la comunidad, un sistema de protección a las personas, un sistema judicial para resolver controversias y también regula el pago de sangre (el pago entre familias y tribus por el asesinato de un individuo en lugar de la ley del talión).


REFORMAS SOCIALES


John Esposito ve a Mahoma como un reformador que condenó las prácticas de los árabes paganos, tales como el infanticidio femenino, la explotación de los pobres, la usura, el asesinato, los contratos falsos, la fornicación, el adulterio y el robo. Esposito afirma que la insistencia de Mahoma en que cada persona fuese responsable, no ante la ley tribal sino ante la ley divina, a la que puso por encima de la primera, sacudió los cimientos de la sociedad árabe. Mahoma proclamó un amplio programa de reformas religiosas y sociales que afectó las creencias y las prácticas religiosas, los contratos y prácticas comerciales, las relaciones hombre-mujer y la familia. Esposito sostiene que las reformas del Corán en regulaciones y orientaciones morales que limitan o redefinen en lugar de prohibir o sustituir las prácticas existentes. Cita dos ejemplos: la esclavitud y la situación de la mujer.

Según varios expertos, la condena de Mahoma del infanticidio femenino pre-islámico fue el aspecto clave de sus intentos para elevar el estatus de la mujer. En cuanto a la prevalencia de esta práctica, sabemos que fue tan común entre los árabes pre-islámicos que hasta le asignaron un término específico: waʾd.

Según William Montgomery Watt, Mahoma fue tanto un reformador social como moral. Asegura que Mahoma creó "un nuevo sistema de seguridad social  y una nueva estructura familiar, y ambas eran una vasta mejora con respecto a lo que había antes". Mahoma tomó lo mejor de la moralidad de los nómadas para adaptarlo a las comunidades sedentarias y estableció un marco religioso y social para todo tipo de hombres y razas. En la Arabia premusulmana, los prisioneros no ejecutados eran obligados a mendigar por el resto de su vida. Mahoma cambió esta costumbre e hizo responsable al gobierno musulmán de proveerles de comida y ropa, fuese cual fuese su religión.

El mismo Mahoma poseyó esclavos, los capturó. los compró, los vendió y los liberó. Con respecto a esto último, Mahoma liberó en su vida 63 esclavos y su mujer, Aisha, 67. Los compañeros y amigos de Mahoma liberaron, en total, 39.237. Una de las esposas de Mahoma fue Safiyya bint Huyayy, una esclava judía que él liberó y con la que se casó. Tanto el Corán como los dichos de Mahoma aceptan implícitamente la institución preexistente de la esclavitud, pero establecen la esclavitud como una situación excepcional que es aceptable sólo en determinadas circunstancias. E introduce dos cambios. El primero fue la presunción de la libertad. El segundo, la prohibición de esclavizar a personas libres excepto en determinadas circunstancias definidas muy estrictamente. El esclavo árabe ya no es más un mueble, sino un ser humano con determinada religión y, por lo tanto, con una condición social y con ciertos derechos cuasi-legales. Lewis afirma que los esclavos en tierras musulmanas tenían un cierto estatus legal y ciertas obligaciones, pero también algunos derechos. Sólo los hijos de los esclavos que fueron capturados como prisioneros de guerra y no son musulmanes pueden ser esclavos. Pero nunca los hijos de un esclavo musulmán nacido libre. Incluso un esclavo musulmán tiene los mismos derechos religiosos que un hombre libre musulmán y mas derechos que un hombre libre no musulmán. El Corán recomienda, aunque no lo ordena taxativamente, que el amo sea benevolente con el esclavo y recomienda su liberación, por compra y manumisión. La liberación de los esclavos es recomendada en el Corán tanto para la expiación de los pecados como un acto simple de benevolencia. Se exhorta a los amos para que permitan que los esclavos puedan ganar dinero para comprar su propia liberación y se condena con dureza en el Corán la prostitución de las esclavas. Esto suponía una evidente mejora, no sólo con respecto a los tiempos preislámicos, sino también con respecto a Roma y el Imperio Bizantino. Parece ser, que a diferencia de los griegos, los romanos y otros pueblos de la antigüedad, en la península arábiga desde el advenimiento de la religión musulmana la principal fuerza de trabajo principal no fue la esclava, sino la de personas libres, bien asalariadas, bien por cuenta propia. Esto podía haber generado un protocapitalismo, ya que como veremos más adelante, la aparición del capitalismo en Europa occidental requirió la desaparición de la servidumbre y la aparición de la mano de obra asalariada. Sin embargo esto no se produjo en la península arábiga, seguramente porque debió fallar uno o varios factores capitalistas: acumulación de capital, la creación de un mercado de tierras abundante, adelantos tecnológicos, la emigración del campo a la ciudad, etc.

Hay otras reformas sociales a considerar, pero creo que exceden del ámbito de este estudio. Para profundizar un poco, véase Early Social Changes under Islam y todos los enlaces que esta página contiene.

REFORMAS ECONOMICAS

Algunos sostienen que la teoría y la práctica del Islam primitivo formaron un sistema económico coherente con un proyecto para un nuevo orden en la sociedad en la que todos los participantes se tratarían de una manera más justa. Michael Bonner ha escrito que una economía de la pobreza prevaleció en el Islam hasta los siglos XIII y XIV. Bajo este sistema la dirección de Dios se aseguró que el flujo del dinero y mercancías fuera purificado mediante la canalización de los que tenían más a los que tenían menos, mediante la práctica de la caridad (zakat) y desalentando la usura (riba). Bonner sostiene que el profeta ayudó a los comerciantes pobres permitiendo que se establecieran sólo en las tiendas y no en los edificios permanentes en el mercado de Medina, y no cobrándoles tasas y rentas.

La responsabilidad de los comerciantes y banqueros en el mundo islámico es uno de los puntos en que hizo hincapié la sociología islámica. La usura era restringida severamente, no se permitió ninguna tasa de interés y a los inversores no se les permitió escapar de las consecuencias de ninguna aventura comercial fallida. Al no permitir que los prestatarios corran con todo el riesgo y coste de las aventuras comerciales, se evita una extrema disparidad de resultados entre los socios. Los musulmanes no pueden financiar y comerciar con mercancías prohibidas por el Islam, como bebidas alcohólicas, cerdo y juegos de azar. Sólo las inversiones éticas son aceptables.

El Hawala tiene su origen en las primeras leyes islámicas, y es mencionada en textos de jurisprudencia islámica en el siglo VIII. El Hawala mismo influyó más tarde en las legislaciones de Francia (aval) e Italia (avallo), y a través de estas en otros las de otros países como en España (la palabra aval viene del francés). Las palabras francesas aval e italiana avallo vienen de la palabra árabe Hawala. La transferencia de deuda no fue permitida durante el imperio romano, pero fue ampliamente practicada durante la Edad Media, especialmente en las transacciones comerciales, fue introducida en Italia a través del comercio con el mundo musulmán durante las época medieval. En la ley romana el contratista era considerada una parte del contrato y era necesario un segundo contrato entre la persona que actuaba en representación del principal y este último para transferir los derechos y las obligaciones derivadas de su contrato. El agente (agent en inglés) es un comerciante que actúa en representación de otro comerciante llamado principal.

La waqf en la ley islámica es una donación religiosa inalienable que representaba un edificio o una parcela de terreno para propósitos de caridad o en beneficio de un individuo. Una de las plasmaciones de la waqf son las madrasas, escuelas coránicas para niños pobres. Otra plasmación de la waqf es la creación de hospitales bismaritianos (hospitales en el sentido moderno). En el siglo XI cada ciudad musulmana tenía, al menos, un par de hospitales. Otra plasmación de la waqf musulmana en la actualidad son la construcción de mezquitas con capitales de países petroleros musulmanes, como por ejemplo, Arabia Saudí. Otras son la creación de hospitales. La waqf pasó, por mediación de los cruzados, a Inglaterra bajo el nombre de trust law y similar a la institución romana del fideicomiso.

Cada waqf necesitaba un waqif (fundador), uno o varios mutawillis (fideicomisarios o síndicos), un qadi (juez) y uno o varios beneficiarios. Según el imán Abu Hanifa, waqf es la congelación de un bien en manos de un waqif y la dedicación de sus productos, rentas o beneficios a "la caridad de los pobres u otros propósitos buenos" o "en el beneficio de la humanidad".


LAS REALIZACIONES MUSULMANAS


EL COMERCIO MUSULMÁN


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Durante la Edad de Oro musulmana se formaron los gremios, aunque nunca fueron reconocidos por la ley islámica. Sin embargo fueron reconocidos y regulados por los oficiales de las ciudades. Cada comercio desarrolló su propia identidad, cuyos miembros acudirían a la misma mezquita y concurrirían en las mismas milicias.

Varias tecnologías e industrias se desarrollaron en la Edad de Oro, como la destilación de perfumes, la cerámica y la metalurgia. También industrias de productos de lujo, como grabados en madera y metal, vidrios, textiles y cerámicas. Muchas de estas técnicas fueron, o bien traídas de China e India, o bien desarrolladas en competencia con productos de estos dos países.

En los mismos siglos en que la larga noche medieval se cernía sobre el horizonte europeo, los árabes crearon un sistema comercial que cubría todo el sur y el este del continente asiático, principalmente China e India. Esta Edad de Oro comercial, que establecería grandes alianzas comerciales con las ciudades estado de la península itálica, principalmente Venecia, duraría hasta que los portugueses empezaron a circunnavegar el continente africano a finales del siglo XV para acceder por mar a la India y China. Para facilitar ese comercio, crearon instituciones comerciales. Algunos comerciantes compraban y vendían a comisión; otros comerciaban con dinero prestado de inversores ricos; otras veces se asociaban dos o más comerciantes que a menudo eran musulmanes, cristianos o judíos; se crearon vastas redes comerciales a través de distancias enormes. El dinero podía ser depositado en un banco de Bagdad y cobrado en uno de Al-andalus. Como contrapartida, cada ciudad en el camino imponía una tasa sobre el comercio que pasaba por ella, lo que ocasionaba el encarecimiento de los productos. Estas innovaciones desarrolladas por musulmanes y judíos sentó las bases del sistema económico moderno, ya que muchas de estas instituciones comerciales pasaron a Europa tardo medieval y del renacimiento.


LA REVOLUCIÓN AGRÍCOLA ÁRABE

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La expresión Revolución Agrícola Árabe fue inventada por el historiador Andrew Watson en 1974 en su influyente libro "The Arab Agriculture Revolution and its Diffusion, 700-1100" (1974). Según este autor, la agricultura árabe sufrió una transformación fundamental entre los siglos VIII y XIII. Esta fue una extensión de la hipótesis anterior de la historiadora española Antonia García Maceira propuesta en 1876 y referida a la España musulmana. La tesis de Watson es que el comercio árabe permitió la difusión, tanto de técnicas (sistemas de irrigación y rotación de cultivos principalmente) como de nuevos productos agrícolas, tales como el sorgo de África, las frutas cítricas de China y el mango, el arroz, el algodón y la caña de azúcar de la India. A veces en un período de dos años se obtenían cuatro o más cosechas (usando plantas de corta duración como espinacas y berenjenas). En algunas zonas de Yemen (sur de la península arábiga) se obtuvieron dos cosechas de trigo, y en algunas zonas de Iraq, dos cosechas de arroz. Los árabes desarrollaron una aproximación científica basada en tres pilares: altas técnicas de irrigación, rotación de cultivos apropiada y la introducción de una amplia variedad de cosechas, que eran estudiadas y catalogadas de acuerdo a la temporada, tipo de tierra y cantidad de agua requerida. Los árabes produjeron numerosas enciclopedias de agricultura y botánica, con detalles muy precisos y exactos. Las consecuencias de este proceso serían, según Watson, una mejor distribución de la población, de la cubierta vegetal, un aumento de la producción y el ingreso agrícolas, una mejor distribución de la fuerza de trabajo, una mejora de la dieta y del vestido y un aumento de la población en general y especialmente de la población urbana.

En el plano jurídico, los árabes también introdujeron innovaciones, tales como el pleno derecho a la propiedad, incluyendo el derecho a comprar, vender, hipotecar y heredar tierras a gente de cualquier origen étnico o religioso, la firma de contratos para cada transacción financiera, con copia del contrato para ambas partes.

Hubo dos tipos de sistemas económicos en el desarrollo de la agricultura: uno, de promoción estatal y otro de desarrollo liderado por el mercado. El primero de puesta en cultivo de tierras infrautilizadas; el segundo para la introducción de técnicas agrícolas y nuevos productos y la enseñanza de las técnicas agrícolas.

La demografía de la sociedad árabe difería de las de otras sociedades, sobre todo por su menor tasa de nacimiento y su mayor esperanza de vida. Se estima que otras sociedades agrícolas tenían una esperanza de vida de entre 20 y 25 años de vida mientras que en la antigua Roma y la Europa Medieval se estima entre 20 y 30 años. Lawrence Conrad estima que el promedio de vida en el primer Califato Islámico estaba encima de los 35 años para la población en general, y varios estudios sobre la duración de la vida en los eruditos islámicos llegó a la conclusión de que los miembros de este grupo de profesionales llegaron a una esperanza de vida de entre 69 y 75 años, aunque esto no es representativo de la población en general.


EL PENSAMIENTO ECONÓMICO MUSULMÁN
Islamic economics in the world, Islamic economic jurisprudence, early reforms under islam, a

LA HERENCIA GRIEGA

Como hemos visto, Platón veía la propiedad privada y la acumulación de riquezas como indigna de las clases sociales superiores y solo aptas para las clases sociales más bajas. Solo estos últimos podían trabajar para obtener un beneficio y acumular propiedades y riquezas. La búsqueda del dinero por la base de la pirámide social no despertaría la envidia de los gobernantes, pero el ejercicio prudente del poder por estos últimos si despertaría la envidia de los primeros. Para Platón, el ejercicio del intercambio no es una característica humana universal, sino tan solo una actividad especializada. Platón rechaza la propiedad privada, al menos para las clases superiores, porque causa egoísmo y avaricia. Aunque su discípulo Aristóteles defiende la propiedad privada, rechaza el intercambio y la platónica división del trabajo.

Expertos islámicos  medievales vieron con mejores ojos la riqueza y el beneficio. Esto es en parte porque el Islam tiene raíces mercantiles. Esto es cierto a pesar de que, tanto el Corán (que los musulmanes creen que es la palabra directa de Dios) como el Hadith (las palabras y actos del profeta recogidos por otras personas) tienen una visión negativa de la Riba (interés según unos, o usura según otros). Sin embargo, ambas fuentes de jurisprudencia islámica máxima consideran la riqueza y el beneficio, bien sea conseguido mediante el comercio o la actividad productiva, muy positivamente.

En el Corán y los dichos y actos del profeta, la producción y el comercio son vistos como prácticas nobles. En contraste, la Iglesia cristiana medieval, por lo tanto anterior a Aquino, insistía contenporáneamente en que ningún cristiano debe ser comerciante. El entorno en que vivieron Mahoma y sus seguidores en La Meca fue un entorno de negocios. Fueron comerciantes antes de crear el Islam. Mahoma fue un comerciante relativamente pequeño, pero también trabajó por cuenta de otros comerciantes que comerciaban con Siria. Los primeros musulmanes de La Meca y Medina continuaron en el comercio. Sin embargo, y aunque muchos comerciantes y capitalistas musulmanes desarrollaron altas tareas en los estados islámicos y desarrollaron muchas de las leyes religiosas, nunca se constituyeron en una clase social y, por lo tanto, nunca obtuvieron poder político.

INTERVENCIÓN ESTATAL


8.1 Aunque los historiadores y economistas occidentales no han tenido en cuenta, en general, a los musulmanes y a sus ideas, estos alcanzaron un nivel de desarrollo superior al mundo occidental, por entonces ya sumido en las tinieblas del Medioevo. Varios historiadores de la economía en los años 60, 70 y 80, tanto occidentales como musulmanes, han demostrado el interés de varios de los primeros líderes mahometanos para llevar una política fiscal y monetaria, especialmente de aumentar el déficit fiscal y/o los impuestos para promover la producción (¿política keynesiana?) y desarrollar los instrumentos de créditos para fomentar el comercio. Y todo esto ya antes del siglo IX, siglo en que estos avances se van incorporando a la legislación.

8.2 Se dice que el profeta Mahoma dijo que el estado sólo debe tener un papel limitado en el proceso productivo, en la estructura de mercado y en el movimiento de los precios. El papel del estado debe restringirse a los factores que distorsionan las condiciones normales, bien sea la competencia o la determinación de los precios por fuerzas invisibles como la voluntad de Dios y la interacción de la oferta y la demanda. Sin embargo, cuando la intervención estatal es necesaria, esta debe realizarse al mínimo necesario y a través del mercado.

8.3 El profeta Mahoma rechazó combatir el aumento de los precios mediante la acción directa, afirmando que sólo Dios puede establecer los precios (¿mano invisible smitiana?). Se dice que Mahoma dijo que los que suministran el mercado con las mercancías necesarias recibe su ingreso como una bendición, mientras que los monopolistas que retiran parte de sus mercancías de la venta para aumentar los precios reciben sus ingresos como una maldición. Hay pues una condena clara del monopolio y una prédica a favor de la libre competencia.

8.4 En el siglo VIII el jurista suní iraquí Abu Yusuf (murió en 798) escribió un libro llamado El libro de los impuestos (Kitab al-Kharaj) dirigido al califa Harun al-Rashid. Abu Yusuf muestra su preferencia por un impuesto proporcional sobre la producción agrícola en vez de uno fijo sobre la renta. Además de considerarlo más justo, cree que llevaría a poner en producción más tierras. Más interesante aún, el jurista de Bagdad aseguró que la imposición tenía que cumplimentar cuatro principios que anticipan las ideas de Adam Smith mil años antes, los 4 cánones de la imposición, a saber: equidad, certidumbre, conveniencia y economía. Además propuso que se diera una amplia variedad de posibilidad de pago en los impuestos a conveniencia de los ciudadanos. Para reducir la corrupción en la recaudación de los impuestos propuso la creación de una administración centralizada formada por funcionarios a sueldo fijo estrictamente vigilados en vez de recaudadores libres a comisión. También discutió temas como la distribución de la carga impositiva, la responsabilidad del gobierno en el bienestar social, la promoción del desarrollo económico y la construcción de infraestructuras socioeconómicas y obras públicas como carreteras, puentes y canales, tanto para irrigación como para transporte. También escribió de temas fiscales como la imposición sobre impuestos específicos, sobre defunciones y la importación de bienes.


RIQUEZA Y POBREZA


8.5 Ya en la Edad Media, en contraste con sus contrapartes europeas, los escritores musulmanes medievales desarrollaron una gran actividad en los temas de la adquisición y acumulación de riquezas y la pobreza. Kay Kavus, un mitológico Shah de Irán que dicen vivió 150 años y que gobernaba desde un trono volador, le dio a su hijo este consejo: "Mi hijo, no seas indiferente a la adquisición de riquezas. Asegúrate que todo lo que adquieras sea de la mejor calidad y probablemente te dará placer". También aseguró que "el hombre tiene un afecto personal por los ricos sin tener en cuenta sus propios asuntos personales, y le disgustan los pobres, aún cuando sus propios asuntos estén en juego. La razón es que la pobreza es el peor mal de los pobres". Uno pensador musulman, Nasir al-Din al-Tusi (1201 - 1274) dijo, “el hombre inteligente no debe negarse a almacenar provisiones y riquezas”. Algazel aseguró que “el hombre ama acumular riquezas y posesiones y todo tipo de propiedades. Si tiene dos valles repletos de oro, desea un tercero”. Otro dijo “la pobreza es el peor mal para el hombre”. Anticipándose a Smith, Kay Kavus aseguró que “el hombre nunca debe perder de vista su propio interés”. Y Miskawayh dijo que “el acreedor tiene interés en que le vaya bien a su deudor para tener de vuelta su dinero, pero el deudor no tiene ningún interés en el acreedor”.


LA DIVISIÓN DEL TRABAJO


8.6 Varios autores medievales musulmanes se anticiparon muchos siglos al "descubrimiento" smitiano de la división del trabajo. Según al-Farabi, todas las sociedades son imperfectas porque carecen de todos los recursos necesarios y la sociedad perfecta sólo puede ser lograda mediante el comercio local e internacional. Kay Kavus dijo: "Para beneficiarse, los habitantes del oeste importan la riqueza del este y los del este hacen lo propio con la riqueza del oeste, y haciéndolo así, se convierten en instrumentos de la civilización del mundo". Estos dos autores ven el comercio internacional no como un juego de suma cero, donde lo que unos ganan otros pierden, sino como una actividad que beneficia a ambas partes.

"En cuanto a la división del trabajo en las actividades productivas, Gazael aseguró que: 'usted debe saber que las plantas y animales no pueden ser digeridos tal como están. Todos necesitan algunas transformaciones, limpieza, mezcla y cocinado antes del consumo [...] Sólo imagine cuantas tareas están involucradas; y hemos mencionado sólo algunas. E imagine el número de personas involucradas en todo este número de tareas'"

8.7 Para Gazael, Tusi y Smith, la división del trabajo y el intercambio están relacionados. Más interesante aún, Tusi, como Smith, argumenta que el intercambio y la división del trabajo son consecuencias de la razón. Y ambos usan el mismo ejemplo de los perros que no intercambian sus huesos.


 TRUEQUE Y DINERO


8.8 Ibn Khaldun no fue el primer pensador musulmán que se percató de las ventajas de la compra-venta sobre el trueque, pero si lo explicó muy bien. Sin embargo, Ghazali identificó los tres problemas asociados con el trueque: la carencia de la doble coincidencia de las necesidades, la indivisibilidad de las mercaderías debido a la carencia de un común denominador y la limitada especialización. Ghazali fue capaz de rastrear el uso y las funciones del dinero como medio de intercambio en la historia y también escribió sobre el uso del oro y la plata como dinero y los efectos dañinos del envilecimiento del dinero. También desarrolló una primitiva versión de la ley de Gresham, según la cual, cuando hay en circulación dos monedas, una con mayor contenido metálico (oro o plata) que la otra, la gente prefiere pagar (desembarazarse de) con la mala y ahorrar la buena.


OFERTA, DEMANDA Y MERCADO


8.9 Varios expertos musulmanes demostraron entender claramente las fuerzas de la oferta y la demanda en su determinación de los precios. Kay Kavus siguió dando consejo a su hijo en estos términos: "Debes comprar cuando el mercado está flojo y vender cuando el mercado está fuerte". Esta afirmación también parece una llamada a la especulación. Según Taimiyah, "si el deseo de mercaderías aumenta cuando la disponibilidad disminuye, el precio aumenta. De otro lado, si la disponibilidad de mercaderías aumenta y el deseo por ellas disminuye, los precios bajan". Ghazali también entendió las fuerzas de mercado: "Su el granjero no encuentra un comprador para su producto, entonces venderá a muy bajo precio". Ghazali pareció descubrir la eslasticidad precio de la demanda al asegurar que una baja de precios por un recorte en el margen de beneficios produciría un aumento en las ventas, y por tanto, en el beneficio.


PRECURSORES DE MALTHUS Y DARWIN


8.10 Se puede asegurar que varios escritores musulmanes se adelantaron a Malthus. Biruni, en referencia a la India, alertó del problema de la sobrepoblación, argumentando que el crecimiento de cualquier cosa está limitada por el medio ambiente accesible a ella y reconociendo que, ya que la capacidad de crecimiento en número de una especie es ilimitada, su crecimiento real está restringido por los límites y agentes externos. Biruni aseguró, como  haría años después Darwin tras leer a Malthus que la presión de un número creciente lleva a una selección natural.

"La vida del mundo depende de la germinación y de la procreación. Ambos procesos se incrementan con el transcurso del tiempo, y este aumento es ilimitado, mientras el mundo es limitado. (Fuente).

 Entonces él aplica el principio de las cosas vivientes:

"Cuando una clase de plantas o animales no se incrementa más en su estructura y su particular clase es establecida como una especie propia, cuando cada individuo de ella no viene simplemente a la existencia y perece sin más, sino además procrea un ser como él mismo o varios juntos, no solo una vez sino varias veces, entonces esta simple especie de plantas o animales ocuparán la tierra y se diseminarán a sí mismo y a su especie por cuanto más territorio pueda ocupar".

EL CAMINO A OCCIDENTE

Hay varios caminos por los que las ideas de la antigüedad griega desarrolladas por los musulmanes llegaron a Europa:

  • Los territorios musulmán y cristiano eran contiguos.
  • La península ibérica estuvo dominada  por los musulmanes durante 7 siglos.
  • Varias zonas del sur de la "bota' italiana estuvieron también dominadas por los musulmanes durante un siglo más o menos.
  • Las cruzadas, pese a su carácter bélico, fue otro camino más de influencia. Por este camino llegaron el aval y el fideicomiso.
  • Las obras de muchos expertos musulmanes fueron traducidas al latín.
Durante el final del siglo XI y el siglo XII la Europa occidental se volvió interesada por la ciencia, la matemática y la filosofía al tiempo que estas alcanzaron su cénit en el mudo islámico. Muchos expertos y estudiantes cristianos viajaron a tierras musulmanas para aprender y para enseñar a su vuelta en su tierra. Un ejemplo es Leonardo Fibonacci (de Pisa) quién viajó a Argel a estudiar matemáticas y a su vuelta escribió un libro (Liber Abaci) en 1202. Muchos estudiantes cristianos, tras su estancia en tierras musulmanas, regresaron a Europa y fueron profesores de las primeras universidades que se crearon, que dicho sea de paso, lo fueron a imagen y semejanza de los seminarios árabes. Raimon Llull (Raimundo Lulio) viajó por  tierras musulmanas durante varios años, y solicitó al congreso de Viena y le fue concedido, el establecimiento de cinco escuelas de lenguas orientales, las cuales fueron establecidas en Roma, Bolonia, París, Oxford y Salamanca. Por último, en varios países de Europa Meridional, especialmente en España, se abrieron a partir del siglo XII escuelas de traductores, como en Toledo y Burgos, y en Italia Sicilia y Nápoles.

Sin embargo, esta influencia fue ocultada ex profeso por las siguientes razones:

  • Los cristianos denigraron a los musulmanes. Quizás para ocultarlo, los cristianos exageraron desde el mismo Renacimiento su herencia greco-latina.
  • Quizás los cristianos vieron en la religión musulmana una amenaza para la suya propia. Así por ejemplo, y sobre todo en teología, los expertos cristianos solo nombraban a los expertos musulmanes para mostrar sus errores. Al misto tiempo los expertos cristianos tomaban prestadas sus ideas pero sin citarlos.
  • Copiar sin citar era una práctica común. A veces se copiaban capítulos enteros de libros de expertos musulmanes sin citar la fuente.
Generalmente se admite que los pensadores musulmanes influenciaron a los cristianos en filosofía, ética y en ciencias. Seguramente también debieron influir a los escolásticos en su pensamiento económico. Sabemos que algunas instituciones económicas como la letra de cambio y el aval tuvieron su origen en el mundo musulmán. ¿Por que no suponer que los mismos hombres que trajeron estas no trajeron el pensamiento económico viajó musulmán?
Así la tesis schumpeteriana del gran gap se demuestra falsa (aunque algunos aún sigan creyendo en ella). Sin embargo, Schumpeter conocía, en mayor o menor grado, las aportaciones musulmamas:

  • el autor austríaco nombró a Ibn Jaldún en dos pies de nota de su History of Economic Analysis (1954).
  • Schumpeter vivió en Egipto durante 1907-08, donde trabajó para una firma legal italiana.
  • Schumpeter fue profesor en la Universidad de Harvard. Esta universidad tenía un departamento de historia especializado en Historia medieval e Historia musulmana medieval. Algunos de sus profesores se encontraban entre los mejores medievalistas del mundo y su biblioteca contaba con muchos libros especializados en historia musulmana medieval.

Si la suposición de que Schumpeter conocía la contribución musulmana al mundo medieval es cierta, ¿porque el autor austríaco no incluyó a autores no occidentales en su libro?